Bio
Luis José Grífol fue el impulsor de los encuentros nocturnos de observación de ovnis que desde comienzos de los años ochenta se celebraban en la montaña de Montserrat (Barcelona) los días 11 de cada mes. Cabria (Fuente 1, pág. 228) lo llama «nuestro más conocido cazador de platillos» y le dedica un apartado de su libro, que encabeza con unos versos de Grífol fechados el 13 de diciembre de 1984.
Su visión del fenómeno era mística. Para él, «OVNI es el despertador de la intuición humana», al servicio de nuestra autosuperación; creía que los ovnis eran presencias angélicas y que las luces que se veían sobre Montserrat, aunque fueran meteoritos, eran señales de «los de arriba» en respuesta a sus preguntas, con lo que la visión de ovnis estaba asegurada. Cabria (Fuente 1) ve en sus creencias «una buena dosis de ingenuidad» y, en su análisis del contactismo, toma su forma de observación nocturna como ejemplo del llamado «contacto visual», un rito de confirmación de un poder de tipo religioso en el que ver «ovnis» reafirma continuamente una creencia.
Cabria lo conoció en 1983 en una charla que dio en un pub de Barcelona, una miscelánea ovni de estilo caótico ilustrada con diapositivas de luces de colores tomadas en Montserrat. Grífol reunía ya a sus seguidores los días 11 a las 11 de la noche, porque ese número tenía para él un significado especial: en 1979 y en 1980 se habían producido dos sucesos ovni muy espectaculares un 11 de noviembre. Cabria acudió a la cita que anunció para el siguiente 11 de noviembre en la explanada de Can Massana, donde no se juntaban entonces más de treinta coches. Grífol puso música de Vangelis, pidió a los presentes que se concentraran con las manos juntas, como rogando a «los de arriba» que se manifestaran, y dirigió hacia el cielo el haz de una potente linterna; cada estrella fugaz se recibía con aplausos para «agradecerles su presencia», y a veces, según contaron a Cabria (Fuente 1), colocaba una imagen de Cristo sobre el coche. Después explicó en tono dogmático que la nave había sido triangular, con luces en las esquinas, y de aquellos triángulos procedía el dibujo que desde entonces estampaba en sus cartas. Mucho tiempo después le recordó a Cabria (Fuente 1) que aquella noche se habían visto varios ovnis muy claros; Cabria, que solo vio meteoritos, le contestó que debía de estar mirando a otro lado.
Fuera de Montserrat, intervino junto a Antonio Ribera en las conferencias sobre ovnis celebradas en la Cámara de los Lores británica a raíz del debate promovido por el conde de Clancarty, que para Cabria (Fuente 1, pág. 212) no pasaron de un «ocioso y gratuito entretenimiento», hasta el punto de que los lores ni siquiera pagaban el viaje a sus invitados. En el congreso sobre el contacto celebrado en El Vendrell a finales de 1989 lanzó, según Cabria (Fuente 1, pág. 223), una «inconexa relación de críticas agresivas» contra contactados y ufólogos.
Hacia 1989, con la nueva euforia ovni, los encuentros de Montserrat se habían convertido en un fenómeno de masas que reunía a veces a miles de personas, con el apoyo de la Guardia Civil de Tráfico; la mayoría eran curiosos, creyentes o escépticos. Según Cabria (Fuente 1, pág. 229), la palabra de Grífol se recibía como un oráculo y su «verbo dogmático» no admitía más que preguntas, no discusiones. Su popularidad en la prensa y la televisión lo rodeó de incondicionales y curiosos, pero también de bromistas que proyectaban efectos de luz sobre la montaña o se mezclaban con la concurrencia con carteles de «coña ovni». Cuando Cabria (Fuente 1) escribía, Grífol se mostraba más cauto: había abandonado el ceremonial, se limitaba a anunciar por qué sector del cielo aparecería el siguiente ovni y, si no se veía nada, lo excusaba diciendo que la concentración masiva no ayudaba al contacto.
Cabria (Fuente 1) explica sus aciertos, cuando predice con precisión la constelación por la que aparecerá la siguiente luz, por las lluvias de estrellas, cuyos meteoros proceden todos de un mismo punto del cielo, el radiante, y que pueden preverse con las tablas de la guía de campo de Donald Menzel. Varios ufólogos le contaron que en una sesión privada de 1987 Grífol acertó dos veces seguidas la localización de fenómenos luminosos muy extraños, y el joven investigador Manuel Carballal llegó a enviar a los periódicos cartas de apoyo en las que se declaraba testigo; Cabria (Fuente 1), que no estuvo allí, no se pronuncia. Sus partidarios esgrimen como prueba sus fotografías de luces multiformes y de bellos colores; Cabria (Fuente 1), que ha visto las fotos pero no los negativos, se inclina a pensar que pueden ser ampliaciones del planeta Júpiter deformadas por un ligero movimiento de la cámara con el diafragma abierto.
Bibliografía
Publicaciones
- Entre ufólogos, creyentes y contactados, pp. 147, 211–212, 223, 228–230.
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