Crítica irónica de la ufología chilena, practicada por ufólogos autodidactas de escasa capacidad crítica y por grupos de nombres rimbombantes y estructura jerárquica en busca del reconocimiento de revistas crédulas o de figuras como J. J. Benítez o Stanton Friedman. El autor lamenta que la ufología sea «la paraciencia más bobalicona y exenta de humor», la compara con el auge y caída del espiritismo y duda de que las Fuerzas Armadas, que nunca explicaron las desapariciones de la dictadura, puedan aclarar nada sobre los ovnis. Termina con sus preferencias personales, como el caso Cash-Landrum o el de Pelluco.
Cuadernos de Ufología (Santander), 3.ª época, n.º 28 (2002), pp. 125-128. Dentro del dossier «Ufología en Chile (1)».
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