Estudio de la «epidemia» de parabrisas picados del estado de Washington en la primavera de 1954, ejemplo clásico de histeria colectiva. Sigue su difusión desde Bellingham y Oak Harbor (isla de Whidbey), donde se atribuyó primero a vándalos con escopetas de balines, hasta Sedro Woolley, Mount Vernon y Seattle, donde la policía recibió el 14 de abril 242 llamadas que denunciaban más de 3.000 marcas, y el telegrama del alcalde Allan Pomeroy al gobernador Arthur Langlie y al presidente Eisenhower, junto a las explicaciones propuestas, desde la lluvia radiactiva de las pruebas nucleares hasta huevos de insectos.
Papers d'Ovnis (Centro de Estudios Interplanetarios, Barcelona), 2.ª época, n.º 32 (abril-junio de 2003), pp. 21-22. Continúa en el n.º 34 (pp. 13-16).
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